miércoles, 9 de mayo de 2012

Noticia Importante: ¿Dios es real o sólo un amigo imaginario? Neurólogos daneses realizan controversial hallazgo






Si perteneces al amplio grupo de personas que se definen cristianas, la ciencia tiene una buena y una mala noticia para ti.




La buena, es que un equipo de
neurólogos de la universidad Aarhus en Dinamarca, pudo demostrar
empíricamente cómo el cerebro se “ilumina” al momento de rezar. Esto lo
lograron midiendo la actividad cerebral de un grupo de cristianos,
identificando 4 áreas comprometidas mientras se comunicaban con Dios.






La mala sin embargo, es que el
equipo también confirmó que las áreas del cerebro con mayor flujo
sanguíneo durante la oración son exactamente las mismas utilizadas al
hablar con otra persona. Es decir, para nuestros cuerpos rezar es una
actividad tan mundana como conversar con el vecino o con un amigo, al
menos desde el punto de vista médico
, consigna CBC News.




Uffe Schjodt, líder de la investigación,
interpretó estos resultados como la evidencia de que el ser humano ha
ido evolucionando para adaptarse a los desafíos de su entorno natural.
“El cerebro no evolucionó para comunicarse con seres sobrenaturales
invisibles”, acotó.




Esta imposibilidad humana de
pensar en un ser abstracto es lo que lleva a los creyentes a “procesar” a
Dios como si fuera una persona concreta, una situación conflictiva con
muchas creencias, pero que por otro lado explica la amplia aceptación de
“intermediarios” humanos, como sucede con el cristianismo (a través de
Jesús) o el hinduísmo (mediante las encarnaciones de Visnú), facilitando
su adopción.




“Curiosamente -acota Schjodt- no
encontramos el mismo patrón en personas que no rezan regularmente.
Quizá el cerebro religioso aprende a tratar a Dios como si se tratara de
una persona más a través de la práctica regular y el reforzamiento de
las creencias”.




“Uno podría preguntarse si estos
resultados son la evidencia de que Dios es sólo una ilusión, un amigo
imaginario que siempre nos escucha en tiempos de crisis. ¿O puede ser la
prueba de que Dios nos afecta incluso a nivel de funciones cerebrales?”
, plantea finalmente el investigador.


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